Información de Gerardo Carmona

Los recorridos prolongados en transporte público, particularmente aquellos que superan los 30 minutos, pueden convertirse en un factor de deterioro para la salud física y emocional de los trabajadores, debido al hacinamiento, el tráfico, las posturas forzadas y la exposición constante a movimientos bruscos, advirtieron especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en el Estado de México.
Viajar diariamente en autobuses o vagones saturados mantiene al organismo bajo tensión constante y puede elevar los niveles de cortisol y adrenalina, hormonas asociadas con el estrés. Con el tiempo, este proceso puede relacionarse con alteraciones en la presión arterial, glucosa, peso corporal y calidad del sueño.
La psicóloga Anayelly Fuerte Piñón, adscrita al Hospital General de Zona número 76, en Ecatepec, explicó que el cansancio provocado por los trayectos cotidianos puede pasar de ser una molestia temporal a un problema que afecte las actividades habituales y la estabilidad emocional.
Cuando el malestar comienza a interferir con el trabajo, las relaciones personales o las actividades diarias, indicó, es recomendable buscar atención especializada.
Entre las medidas para reducir la tensión durante los traslados planteó organizar los tiempos de salida, practicar ejercicios de respiración y recurrir a actividades como la lectura o juegos mentales que permitan disminuir la percepción de estrés durante el recorrido.
Los efectos también pueden presentarse en músculos y articulaciones. Al respecto, Trinidad Sánchez Ramírez, coordinadora auxiliar de Servicios de Prevención y Promoción de la Salud, señaló que la exposición cotidiana a vibraciones, frenadas y cambios bruscos de movimiento puede ocasionar fatiga, dolor y limitaciones funcionales.
Cuando estas condiciones son frecuentes, añadió, existe riesgo de distensiones musculares y esguinces, principalmente en las regiones cervical, dorsal y lumbar.
Entre los síntomas relacionados con traslados prolongados se encuentran pérdida de energía, fatiga persistente, alteraciones del sueño y la alimentación, opresión en el pecho, mareos, náuseas y dificultad para respirar.
Para quienes viajan sentados, la recomendación es mantener la espalda apoyada completamente en el respaldo y ambos pies sobre el piso, además de evitar cruzar las piernas o colocar sobre ellas bolsas y objetos que pesen más de cinco kilogramos.
En el caso de los pasajeros que permanecen de pie, conviene separar ligeramente los pies más allá del ancho de los hombros y flexionar las rodillas para reducir el impacto de frenadas o aceleraciones. También se recomienda sujetarse firmemente de un pasamanos y, cuando sea posible, colocar el cuerpo de manera paralela a las ventanas.
Los especialistas señalaron además que la concentración de personas en espacios cerrados aumenta la exposición a agentes infecciosos. Frente a este riesgo, el lavado de manos al llegar al trabajo o al domicilio continúa como una de las medidas básicas de prevención, acompañado del uso de gel antibacterial durante los trayectos.
En municipios de la zona metropolitana del Valle de México, donde miles de trabajadores destinan diariamente periodos prolongados a sus desplazamientos, las condiciones del transporte se convierten así no sólo en un problema de movilidad, sino también en un factor que incide de manera cotidiana en la salud.

