Información de Gerardo Carmona

El Sistema Cutzamala cerró septiembre de 2026 con 87.76% de almacenamiento, equivalente a 686 millones 770 mil metros cúbicos de agua, uno de sus mejores niveles de los últimos cinco años, aunque por debajo del 90.09% con que terminó el mismo mes de 2025.
Los registros muestran fuertes variaciones en el periodo reciente. Al concluir septiembre de 2022, las presas se encontraban en 61.23% de su capacidad; en 2023 descendieron a 38.80%; para 2024 se recuperaron a 60.96%; en 2025 alcanzaron 90.09%, y este año quedaron en 87.76%.
Al 30 de septiembre pasado, Valle de Bravo almacenaba 89.74% de su capacidad; El Bosque, 87.62%, y Villa Victoria, 83.73%. En conjunto, los embalses contenían casi 49 puntos porcentuales más que al cierre del mismo mes de 2023.
La crisis hídrica alcanzó uno de sus momentos más graves en junio de 2024, cuando el almacenamiento conjunto cayó a alrededor de 26%. Villa Victoria llegó entonces a 22.4% y Valle de Bravo se ubicó en aproximadamente 27%, antes de que las lluvias y modificaciones en la operación permitieran recuperar gradualmente los embalses.
El repunte de este año coincide con una temporada de lluvias abundantes y con el desarrollo del fenómeno de El Niño. Sin embargo, los organismos meteorológicos advierten que sus efectos no son uniformes ni significan necesariamente mayores precipitaciones en todas las regiones de México.
La Organización Meteorológica Mundial calcula una probabilidad cercana a 100% de que El Niño persista hasta febrero de 2027, mientras el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos prevé más de 90% de probabilidades de un evento muy fuerte durante el otoño e invierno de 2026-2027.
Para México, el escenario comienza a cambiar después del invierno. El Servicio Meteorológico Nacional ha advertido sobre temperaturas más elevadas, déficit de precipitación y mayor riesgo de incendios forestales durante la primavera de 2027. El Niño, además, podría extender sus efectos hasta esos meses.
No existe, sin embargo, una proyección oficial que permita establecer desde ahora en qué porcentaje estarán las presas del Cutzamala durante 2027. El almacenamiento dependerá no sólo de las lluvias, sino de los escurrimientos hacia los embalses, las extracciones para abastecer al Valle de México y las decisiones de operación.
Así, el nivel con que el Cutzamala terminó septiembre ofrece un colchón considerablemente mayor al disponible durante la crisis de 2023 y 2024, pero el comportamiento de los últimos cinco años muestra que una temporada seca prolongada puede modificar con rapidez la disponibilidad del sistema.

