Xitas de Temascalcingo, los viejos que cada Corpus caminan para invocar la lluvia

Información de Gerardo Carmona

Xitas de Temascalcingo, los viejos que cada Corpus caminan para invocar la lluvia

Bajo la máscara de jícara, entre barbas de ixtle y trajes que pueden pesar hasta 25 kilos, los Xitas vuelven cada año a ocupar las calles de Temascalcingo. Caminan, bailan, cargan ofrendas y sostienen una tradición que no sólo mira al pasado: también le habla al campo, a la lluvia y a la identidad de un pueblo otomí y mazahua del norte mexiquense.

Aquí la fiesta no comienza el jueves de Corpus. Se prepara durante semanas, a veces durante meses. En las casas se revisan máscaras, se juntan materiales, se componen atuendos y se organiza la participación de barrios, capillas y familias. Cuando por fin llega el día, el municipio parece reconocerse en otra cara: la de los viejos de Corpus, los Xita, palabra que en otomí significa viejo.

Carlos Chaparro Bajonero, originario de Temascalcingo, tiene 64 años y ha sido Xita Viejo Mayor, además de organizador de la festividad. Habla de la tradición como se habla de algo heredado, pero también cuidado.

“Es una tradición mucho, mucho, muy antigua”, dice. No hay, admite, una fecha exacta sobre su origen. Lo que existe es la memoria transmitida entre generaciones. Una parte de esa memoria la vincula con los antiguos ritos dedicados a Tláloc, antes de la llegada de los frailes españoles. Otra recuerda cómo, con la evangelización, la devoción católica se incorporó a la ceremonia hasta quedar ligada al Corpus Christi.

La celebración, sin embargo, no se entiende sin el campo. Los viejos de Corpus no salen sólo a danzar. Su presencia expresa una petición: que llueva, que la tierra reciba agua, que la siembra alcance y que la cosecha no falte. En un territorio donde la vida comunitaria estuvo marcada por los ciclos agrícolas, el ruego por la lluvia quedó inscrito en la fiesta.

Chaparro Bajonero recuerda otra versión que los habitantes mantienen viva: después del temblor de 1912, Temascalcingo quedó triste y golpeado. También faltaba el agua. Entonces, cuenta, surgió la idea de acudir a la iglesia con ofrendas para pedir perdón a Dios y rogar por lluvias abundantes.

Desde entonces, cada jueves de Corpus el gesto se repite. “Hay ocasiones que durante meses atrás no llueve, pero el mero día de Corpus llueve porque llueve”, afirma el ex Viejo Mayor.

La organización descansa en estructuras comunitarias que aún conservan fuerza: cargueros, fiscales y mayordomos, vinculados a capillas e iglesias del municipio. Ellos, junto con familias, artesanos y participantes, mantienen el calendario ritual. No se trata de un desfile aislado, sino de una práctica colectiva donde cada barrio aporta presencia, trabajo y memoria.

El rostro del Xita se construye con paciencia. La máscara puede hacerse con jícara de maguey o con madera de colorín. El pelo y la barba se forman con ixtle. Algunos participantes elaboran su propio vestuario; otros acuden con artesanos especializados, quienes año con año perfeccionan las piezas. Hay trajes que, por su complejidad, llegan a costar hasta 20 mil pesos.

“Son unas hermosuras las máscaras que hacen. Año con año se van esforzando más nuestros artesanos y van creando unas máscaras preciosas”, señala Chaparro Bajonero.

José Ernesto Ruiz Hernández conoce ese trabajo desde dentro. Este año participó como Viejo Mayor del contingente de la cabecera municipal, representante de la iglesia de San Miguel. Su atuendo lo fabricó él mismo, con materiales que fue recopilando. Le tomó alrededor de un mes armarlo y calcula que gastó cerca de mil 500 pesos.

El traje pesa entre 20 y 25 kilos. Llevarlo durante la jornada exige resistencia. “Ya estoy acostumbrado”, dice. Luego agrega que el secreto es simple: hidratarse a cada rato. Para él, el esfuerzo físico forma parte de la responsabilidad de encabezar el contingente.

El nombramiento de los Xitas como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de México, en 2022, dio reconocimiento formal a una práctica que el pueblo ya consideraba suya desde mucho antes. Para Chaparro Bajonero, ese nombramiento significa respeto y compromiso. “Sobre todo que no se pierda esta tradición”, dice.

La fuerza de los viejos de Corpus también cruzó la frontera. Migrantes de Temascalcingo radicados en Estados Unidos han llevado la representación a comunidades de Wisconsin y Madison. Allá, los paisanos organizan grupos para volver a ponerse la máscara, usar el ixtle y recordar el pueblo que dejaron.

En Temascalcingo, los Xitas son más que una festividad. Son una manera de reunir a quienes viven en la cabecera, en barrios y comunidades; una forma de mantener unidos los oficios, la fe, el trabajo artesanal y la memoria agrícola. Cada máscara guarda algo de quien la porta, pero también algo de quienes la hicieron antes.

Cuando los viejos avanzan por las calles, el municipio no sólo celebra. Vuelve a pedir agua, vuelve a reconocerse en sus raíces y vuelve a recordar que sus tradiciones no permanecen solas: necesitan manos que fabriquen, cuerpos que carguen, familias que acompañen y pueblos que no olviden.

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