Museo Nacional de Antropología cumple 62 años como referente de la memoria histórica de México

Información de Gerardo Carmona

Museo Nacional de Antropología cumple 62 años como referente de la memoria histórica de México

El Museo Nacional de Antropología (MNA) cumplirá este 17 de septiembre 62 años de haber abierto sus puertas en Chapultepec, periodo en el que se consolidó como uno de los principales repositorios arqueológicos del país y escenario de episodios que van desde el traslado del monumental Tláloc desde el Estado de México hasta uno de los mayores robos de patrimonio cultural registrados en México.

Inaugurado el 17 de septiembre de 1964 por el entonces presidente Adolfo López Mateos, el inmueble fue concebido para concentrar buena parte del patrimonio arqueológico y etnográfico nacional y ofrecer una lectura sobre el origen y la diversidad cultural del país.

La construcción, encabezada por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, se realizó en 19 meses y reunió a arqueólogos, antropólogos, ingenieros, museógrafos y artistas. Su patio central y la cubierta sostenida por una columna, conocida como El Paraguas, terminaron por convertirse también en símbolos de la arquitectura mexicana del siglo XX.

Aunque su actual sede data de 1964, los antecedentes de la institución se remontan a 1825, cuando durante el gobierno de Guadalupe Victoria fue creado el Museo Nacional Mexicano para reunir antigüedades, documentos y piezas relacionadas con la historia del país.

Las colecciones cambiaron de sede y se especializaron durante las décadas siguientes. En 1940, una vez que el acervo histórico fue trasladado al Castillo de Chapultepec, la institución quedó dedicada principalmente a la arqueología y la antropología.
Uno de los episodios que antecedió a la apertura del nuevo museo tuvo lugar en el Estado de México.

El 16 de abril de 1964, el enorme monolito conocido como Tláloc fue retirado de San Miguel Coatlinchán, Texcoco, para ser colocado frente al nuevo recinto.

La pieza, de poco más de siete metros de altura y aproximadamente 168 toneladas de peso, fue transportada hasta la Ciudad de México pese a la oposición de habitantes de Coatlinchán, quienes consideraban la escultura parte del patrimonio de su comunidad.

Su llegada a la capital coincidió con una fuerte lluvia, hecho que alimentó la leyenda de que Tláloc había provocado el aguacero en protesta por haber sido retirado de su lugar de origen.

Especialistas han cuestionado con posterioridad que la escultura represente realmente al dios de la lluvia y han planteado que podría corresponder a Chalchiuhtlicue, deidad vinculada con el agua.

El conflicto por su traslado anticipó además una discusión que permanece vigente: el derecho de las comunidades sobre el patrimonio arqueológico localizado en sus territorios y la decisión sobre los sitios donde debe permanecer y exhibirse.

Desde su apertura, el museo reunió algunas de las piezas más conocidas del patrimonio nacional, entre ellas la Piedra del Sol y la Coatlicue, además de colecciones de las culturas maya, mexica, olmeca, teotihuacana, zapoteca y mixteca.

El recinto se convirtió así en una de las principales expresiones del discurso cultural construido por el Estado mexicano durante el siglo XX, que colocó a las civilizaciones prehispánicas como uno de los elementos centrales de la identidad nacional.

Esa visión ha sido revisada con el paso de los años. Entre 2024 y 2025 fueron renovadas las salas etnográficas del segundo nivel, con alrededor de seis mil piezas y la participación de más de 300 artesanos y creadores comunitarios.

La nueva museografía incorporó con mayor amplitud a pueblos indígenas y afromexicanos y abordó asuntos como lenguas, territorio, resistencia, alimentación, textiles, celebraciones y rituales.

Uno de los capítulos más graves en la historia del recinto ocurrió la madrugada del 25 de diciembre de 1985.

Dos jóvenes ingresaron al museo y sustrajeron 140 piezas arqueológicas de las salas Maya, Oaxaca y Mexica. Los responsables habían recorrido previamente las instalaciones para conocer los sistemas y horarios de vigilancia.

El robo provocó una búsqueda internacional en la que intervino Interpol y durante casi cuatro años se temió que las piezas hubieran sido trasladadas fuera del país.

La mayor parte del patrimonio fue recuperada en junio de 1989.

Las investigaciones señalaron como responsables a Carlos Perches y Ramón Sardina y permitieron establecer que parte de las piezas permaneció oculta durante años en una vivienda de Jardines de San Mateo, en Naucalpan, Estado de México.

El caso exhibió las deficiencias en la seguridad de los museos nacionales y derivó en el reforzamiento de alarmas, cámaras, controles de acceso y vigilancia.

Otro episodio excepcional ocurrió en 2020, cuando la pandemia de Covid-19 obligó a mantener cerrado el Museo Nacional de Antropología durante casi ocho meses.

Tras la emergencia sanitaria, la asistencia volvió a crecer. En 2024 recibió tres millones 781 mil 523 visitantes y en 2025 alcanzó cinco millones 48 mil 893, un aumento superior a 33%.

El museo mantiene 22 salas permanentes y resguarda más de 250 mil objetos arqueológicos y etnográficos.

En 2025 recibió además el Premio Princesa de Asturias de la Concordia por su trabajo en la preservación, investigación y divulgación del patrimonio antropológico.

A 62 años de su inauguración, el Museo Nacional de Antropología no sólo conserva algunos de los principales testimonios materiales del pasado mexicano. Su propia historia refleja también las distintas formas en que México ha explicado, protegido y discutido su patrimonio durante más de seis décadas.

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