Desde la logia de San Pedro, el nuevo Papa ofreció la bendición Urbi et Orbi con un mensaje centrado en la unidad, el amor y el compromiso misionero de la Iglesia

Bajo un cielo cubierto y con la plaza de San Pedro colmada de fieles, el recién elegido Papa León XIV ofreció la tradicional bendición “Urbi et Orbi”, en la que dirigió un extenso y emotivo mensaje que, según fuentes vaticanas, ya es considerado el más largo en la historia de una presentación pontificia. Con palabras marcadas por un tono pastoral, ecuménico y profundamente humano, el nuevo pontífice llamó a la construcción de puentes, al encuentro entre los pueblos y a la práctica activa de la caridad cristiana.
“¡La paz sea con ustedes!”, fue la primera frase pronunciada por el sucesor de Pedro, evocando el saludo del Cristo resucitado y de su predecesor, el Papa emérito Francisco. León XIV, originario de Chicago y de la Orden de San Agustín, recordó con gratitud la voz “débil pero valiente” de Francisco y aseguró que su bendición se prolonga ahora en su ministerio.
“Dios nos quiere, Dios los ama a todos, ¡y el mal no prevalecerá!”, exclamó desde la logia, ante una multitud que respondió con aplausos. El Papa enfatizó que la paz que necesita el mundo es una paz “desarmada y que desarma”, humilde y perseverante, que surge del amor incondicional de Dios.
En su primer mensaje como obispo de Roma y líder de la Iglesia católica, León XIV agradeció a los cardenales por la confianza depositada en él y reafirmó su vocación misionera: “Soy hijo de San Agustín, agustino, quien dijo: ‘Con ustedes soy cristiano, para ustedes soy obispo’. En este sentido, podemos todos caminar juntos hacia esa patria que Dios nos ha preparado”.
Hizo un reconocimiento especial a la diócesis de Chiclayo, en Perú, donde fue obispo durante una década y donde consolidó una relación cercana con comunidades indígenas, campesinas y sectores populares. “Ha sido un pueblo fiel que ha compartido su fe”, recordó.
Dirigiéndose a la Iglesia de Roma, a Italia y al mundo, León XIV ratificó su deseo de encabezar una Iglesia sinodal, “que camina, que escucha, que construye puentes y que permanece cercana a los que sufren”. Subrayó el papel de la Virgen María como guía y consuelo, y al coincidir su elección con el Día de la Súplica a la Virgen de Pompeya, concluyó su mensaje rezando el “Dios te salve, María” junto a los congregados.
León XIV llega al pontificado en un mundo atravesado por conflictos bélicos, desigualdad y crisis migratorias. Su mensaje inaugural pareció responder directamente a esa realidad, con un llamado explícito a la fraternidad universal, a la cercanía entre pueblos y al diálogo como vía para la paz. “El mundo necesita su luz”, dijo sobre Cristo, “la humanidad necesita de Él como puente para ser alcanzada por Dios”.
El nuevo Papa, de 69 años, será recordado no solo por su elección, sino también por haber inaugurado su ministerio con un llamado nítido a la esperanza y al compromiso evangélico. En tiempos de polarización y violencia, León XIV inició su papado con un gesto de comunión: “Sin miedo, unidos de la mano con Dios y entre nosotros, sigamos adelante”.

